

El sueño de Arnaldo Falabella se convirtió, después de ocho décadas, en uno de los símbolos de la comuna de Providencia. Su antigua mansión, finamente construida, de líneas renacentistas y llena de detalles se terminó convirtiendo en el Palacio Consistorial, hogar ejecutivo del edil comunal.
Precisamente uno de los objetivos de Providencia en los últimos años ha sido conservar, preservar y hacer de conocimiento público el caudal de tesoros arquitectónicos que detentan. Por ello fue que en el año 1997, se le realizó una de sus máximas renovaciones, cuyo trabajo realzó aún más la belleza: la creación de una plaza a su alrededor que abrió la perspectiva sobre este lugar patrimonial.
Monumento Nacional
Declarado como Monumento Nacional en el año 1992, la historia del Palacio Falabella tiene varias aristas interesantes.
Desde el mentor de su origen, don Arnaldo, dueño de una sastrería de renombre que terminó en multitienda internacional, que en 1924 le compró el terreno al arquitecto Josué Smith Solar, para construir una casona familiar que diseñó el italiano Guillermo Mancelli.
El profesional gestó una edificación de tres plantas que contaba con un subterráneo destinado a ser la Sala de Juegos, la Sala de fumar y el área de servicios. La planta principal, en tanto, ubicada a los salones y el segundo piso contenía las habitaciones de la familia. La terraza a la que se puede llegar desde este piso, se destaca.
Interiormente, no se descuido detalle. Mosaicos de tipo florentino adornaban las ventanas, realizados por el artista Aristodemo Lattanzi. En tanto, columnas marmóreas en el hall central con capitel de bronce eran una atracción en sí mismas, mientas el vitral ovalado hacia otro tanto. Los artesonados de los salones, el enmaderado de los muros, los acabados de copones y fuentes de alabastro, la citas en persa del Corán de la sala de fumar y los pisos de fina madera, hicieron de este lugar un centro de la más alta sociedad.
Hogar de la Alcaldía
No hay claridad bibliográfica para saber cómo pasó el edificio a las manos de don Manuel Cruzat. Sin embargo era el quién determinaba el destino de la casona en la década de los 40?. El alcalde de la época, Guillermo Martínez, conoció el Palacio Falabella en un remate de muebles organizado por Cruzat. Fue amor a primera vista.
Se cuenta que el edil intentó por todos los medios convencer al dueño de venderle la casa, que un tiempo ya había sido arrendada a la embajada mexicana. Sin embargo, lo ofertado era insuficiente ante una tentadora oferta del gobierno soviético que pretendía el Palacio para su delegación diplomática.
No se sabe qué pasó por la cabeza de don Manuel al no aceptar el ofrecimiento extranjero y dar el paso a que Providencia encontrara un hogar para su municipio el año 1947.
Desde esa época hasta la actualidad es posible evidenciar la magnificencia del sueño de Falabella. Sólo basta detenerse y sentarse en los escaños de la plazoleta. Allí el tiempo se estacionó en los albores del siglo XX.
Texto: Jorge López Orozco (periodistaviajero@chile.com)
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