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ADOLESCENCIA INTERRUMPIDA

Adolescencia Interrumpida

Según cifras entregadas por el Instituto Nacional de Estadísticas, durante el 2003 nacieron cerca de 35 mil hijos de madres menores de 19 años y pese al descenso de la tasa de fecundidad, en este segmento etáreo el índice crece, especialmente entre los 15 y 19 años.

Frente a esta preocupante realidad, la Municipalidad de La Florida se ha empeñado por entregarles a las jóvenes un constante apoyo y acompañamiento a través del Programa “Emprende Mamá”.

Carmen Larraín, directora del proyecto, comenta: “Desde el 2000 que estamos en La Florida, es una experiencia nueva, que no se ha hecho nunca así que el mismo programa nos ha ido retroalimentando y ha ido creciendo de acuerdo a la necesidad y de acuerdo también a dar respuestas a lo que la niña realmente está viviendo, ya sea en la parte salud, educación o superación de la pobreza, porque se cruzan en este programa varias áreas incluyendo la pobreza afectiva, educativa y espiritual donde están naciendo tantos niños”.

A la fecha ya han participado 500 madres con sus hijos en el programa. Pero, ¿Cuál es la realidad debajo de estas cifras?

Tatiana Andrea Santibáñez Jara tiene 14 años y 8 meses de gravidez. Recién a los dos meses y medio de embarazo se dio cuenta de su estado debido a los constantes vómitos que sufría, tantos que su tía decidió llevarla al consultorio pensando que era una enfermedad estomacal. El diagnóstico sin embargo se lo dio un matrón.

“Me cagué la vida, eso fue lo primero que pensé… me puse a llorar, porque estoy tan chica, tengo 14 años y tengo toda una vida por delante… Nunca me cuidé, estuve 3 meses y medio sin cuidarme hasta que pasó. Nunca se me pasó por la mente que iba a quedar embarazada, y cuando me iba a empezar a cuidar, me pasó”, comenta Tatiana.
 
“Al día siguiente fui a buscar la leche al consultorio y justo mi mamá tenía hora al doctor con mi hermano y me pillaron con los 3 kilos de leche y el carnet de atención así que mi mamá se quería morir. No me habló, se puso a llorar y gritar y mi abuela casi le pega para que se controlara, ella ya sabía porque me quiere mucho y le dije el día anterior, así que me ayudó a controlar a mi mamá”, recuerda la adolescente, que en esa época estaba cursando I Medio.

El enojo de su madre estaba fundado en que varias veces habían hablado del tema, le decían que se cuidara, que si quería tomar pastillas que fuera, pero prefirió seguir el consejo de sus amigas, quienes le decían que calculando las fechas de la menstruación no le pasaría nada.

“Después le conté a mi papá pero reaccionó súper bien, tranquilo, que había que apoyarme no más. Pensé que me iban a echar de la casa, o pegar, pero nada… Así y todo nunca pensé en abortar porque lo hecho, hecho estaba, y es una vida más. Yo quería tener a mi guagüita, con el apoyo de ellos o sin ellos, igual ya contaba con mi abuela, pero de todas formas, porque por algo pasan las cosas”, afirma.

El padre de su futuro hijo, Oliver, tiene 15 años y se enteró de la noticia dos semanas después y a través de su hermano ya que con Tatiana solo llevaban tres meses “andando”.  Si bien le ofreció a Tatiana que se fuera a vivir con él para apoyarla, todo quedó en promesas y nunca nada se concretó. Actualmente ya no son pareja entre otras razones, porque Oliver se dedica a la venta de drogas, algo que deja muy intranquila por la seguridad de su guagua a Tatiana.

“Con mi familia nos volvemos a San Felipe, porque es más tranquilo y es mejor para cuidar a mi hijo, solo quiero irme, no quiero ni estar con el papá de la guagua, al lado de él no voy a estar tranquila, le tomé un rechazo porque no se hace cargo, si hubiese querido habría ido a hablar con mis papás pero él es pura boca y con hombres así mejor estar sola. Tampoco le voy a poner su apellido, porque para qué, si el papá no va a estar al lado de él y como tiene 15 años tampoco le van a exigir que me pase plata, a lo más que estudie”, asevera.

Tatiana tuvo que dejar los estudios ya que no se llevaba bien con sus compañeras y no quería peleas en su condición, además que nadie sabía su secreto asi que prefirió salirse. Sin embargo, planea trabajar, sacar IV Medio y estudiar Gastronomía una vez que su hijo cumpla un año o dos y sabe que tiene a sus seres queridos que la ayudarán en eso. “Al final lo que más vale es la familia, uno se da cuenta que son los que más te van a apoyar y ahí están con uno, cuando más los necesitas”, sentencia.

Jocelyn Andrea Herrera Rebeco tiene 18 años, y un hijo de 6 meses de edad, Alan.
“Yo antes tomaba anticonceptivos y quedé embarazada porque se me olvidó tomar una pastilla. Igual ya me lo imaginaba porque, se me había olvidado, y no me llegaba la regla, me tocaba matrona y le conté, me mandó a hacer un test de embarazo y éste me salió positivo. Ahí me puse a llorar…” comenta tratando de resumir el momento más difícil de su vida.

“Después de eso no quise ir más al médico porque no quería saber nada más de la guagua. Le conté al papá y él siempre estuvo conmigo. Me dijo que no me iba a dejar sola, que íbamos a estar los dos y que íbamos a salir pa’ adelante”, recuerda.

Me daba vergüenza que ellos se sintieran avergonzados de mí. Me daba miedo la reacción de ellos, porque mi papá tenía todo puesto en mí. Yo estaba estudiando en segundo medio. Me quería morir, pensaba, no si a lo mejor se equivocó la matrona…, yo no quería creer, me costó un mundo asumirlo. Cuando supe no quería nada, nada, nada. Lloraba todo el día. Me pegaba en la guata… Las veces que peleaba con mi pololo era cuando más me daban ganas de pegarme en la guata” confiesa.

En eso, una asistente social fue a la casa de Jocelyn a ofrecerle entrar al programa “Emprende Mamá”. Reacia de ir al principio, ahora afirma “es otro apoyo que a una le dan, sirve para distraerse, y me ayudaron harto a tomar la decisión de quedarme con mi hijo. Acá enseñan de todo, a cómo dar pecho, mudar, hasta los más mínimos detalles”.

Así, le contó a su hermana que estaba con tres meses de gestación y por ella se enteró su familia. “Mi mamá ya sabía pero esperaba que yo le contara así que ahí le dije, y pensé que le iba a dar vergüenza. Me costó un mundo contarle. Ella tenía toda su fe puesta en mí… y lloró y me dijo contémosle a tu papá, y él reaccionó súper bien. En esto yo ya tenía 3 meses, y él ya sabía pero también esperaba escucharlo de mi boca. Yo tenía miedo que mi papá no me hablara, porque yo amo a mi papá. Es como mi ídolo, y cuando le dije me apoyó en todo momento. Me compró leche altiro... Fueron más miedos porque no pasó nada de lo que yo creía que pasaría”, recuerda Jocelyn.

Actualmente no está estudiando pero quiere entrar a una escuela nocturna. Su novio tiene 18 años y trabaja pintando piezas de aviones en Lan. Aún no viven juntos pero están haciendo planes para irse a fin de año.

Por M. Soledad Squella I.

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