

Por Mónica Gajardo Ojeda, psicóloga infanto-juvenil
A efecto del ritmo de vida de la sociedad actual, se han visto afectadas las relaciones entre padres e hijos. Sin embargo cabe destacar que más importante que la cantidad, es la calidad del tiempo que se comparte con los hijos. La calidad del tiempo compartido con los hijos se basa en una buena comunicación y una estrecha relación desde pequeños con ellos. La calidad del tiempo que se comparte en familia va en directa relación con el grado de comunicación que se logra y determina el desarrollo de vínculos que de ser poco estables, generan falta de seguridad en los hijos.
Sabemos que estamos enfrentados a arduas exigencias laborales que en muchos casos afectan a nuestros hijos. Los padres que le dedican casi todo su tiempo y energía a lo laboral y que sienten que su desarrollo personal pasa por ser “súper” exitosos profesionalmente, se vuelven muy autoexigentes y esperan que sus niños también funcionen así y por su cuenta. También existe el caso de mamás que aunque no trabajan, tienen su interés puesto en otro lado, haciendo por ejemplo demasiada vida social. La otra problemática son las discordias conyugales, ya que los padres tienden a centrarse sólo en sus conflictos, descuidando a los hijos.
Por esto es que se plantea que en el poco tiempo que se dedica a los niños estemos concientes que no merecen entender la constante de nuestro cansancio después de una jornada de trabajo, por ejemplo. Tenemos que tomar aire profundamente y sonreír al llegar del trabajo, y si no trabajamos, cuando estemos con ellos tratar de hacerlo la mayor parte del tiempo.
Por calidad de tiempo dedicado a los hijos se entiende el “estar” con ellos con cuerpo y alma, es decir, estar atentos a sus necesidades entregándoles de base contacto afectivo.
No prioricemos el trabajo por sobre todas las cosas, tratemos de que sea al revés, cuando estemos en el trabajo, trabajemos, pero cuando estemos en la casa “estemos” con nuestros hijos.
Me refiero a que no sólo es necesario que los adultos estén en la casa físicamente, sino que es fundamental que también estén presentes y atentos en lo emocional. Por ejemplo, es frecuente ver mamás, dueñas de casa, demasiado ordenadas, activas y perfectas, "preocupadas" de los niños (los llevan al colegio, a los cumpleaños, al dentista, etc.), pero que de verdad no se dan el tiempo para estar con ellos acompañándolos, enterneciéndose con lo que ellos les cuentan y entregándoles ese efecto que sólo los padres debemos y podemos dar. Las anteriores son obligaciones de las mamás que "no trabajan", ese es el trabajo de ellas, sin embargo creen que porque "andan" con los niños de un lado a otro todo el día "están" con sus hijos, pero realmente no es así. Los niños requieren de cierto relajo y calma de parte de los padres, de un tiempo libre de quehaceres y responsabilidades, para sencillamente acercarse, conversar, regalonear...sentir.
Lamentablemente, pero no necesariamente tarde, en muchos casos las familias llegan a la consulta de un psicólogo(a) sólo si se lo pidieron los profesores, cuando el hijo(a) ha hecho crisis, se quedó repitiendo o se está portando mal dentro o fuera del colegio. Los padres se quejan del tiempo que tienen que perder en terapia y lo que se está gastando en ella, etc. Pero es importante entender que cuando es necesario para el bienestar de los niños y la familia y se realiza un buen tratamiento, se obtienen buenos resultados, los papás se involucran, logran elaborar su despreocupación y se abren para crear un nuevo vínculo con sus hijos, basado en el cariño y en la comunicación.
Si sienten que no están dedicando el tiempo suficiente a sus hijos les recomiendo tener en cuenta los siguientes puntos:
La calidad de tiempo destinado a los hijos es lo principal, pero para lograrla también hay que darse tiempo.
Finalmente, dedicarles tiempo de calidad a los hijos y a la familia en general es una inversión que permite prever y solucionar conflictos a tiempo y sienta las bases para las conductas futuras.
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