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RECORRIENDO CHILE

FREIRINA

La historia comienza en el Bar Haití colindante a la plaza, al igual que la histórica iIglesia y la hermosa casona municipal. Está claro que las sorpresas no las da el destino, si no que el propio camino.

Los habitués del Haití son orgullosos de su pueblo. En un veloz inicio de conversa entregan datos que harían sonrojar a un historiador ante tamaña demostración de conocimientos. Viejas minas que dieron riqueza a Chile, familias aristocráticas que aún persisten en la zona, varios monumentos nacionales, sumado a las mejores aceitunas y aceites de oliva del valle o los apetecidos camarones de río. Un total de acontecimientos y atractivos que otorgan al visitante de Freirina sentirse como un descubridor... aunque todo siempre haya estado ahí.

Las Minas y sus Herencias
Lo primero que resaltan los habitantes de Freirina es que a través del mineral aurífero de Capote, distante a pocos kilómetros del pueblo, salvaron a Chile, económicamente hablando. ¿Cómo fue eso? A comienzos del siglo XVIII se inicia la explotación industrial de un yacimiento del que se sabía desde el tiempo prehispánico con la explotación diaguita y, posteriormente, incaica del lugar.

Debido a una cruenta crisis de esos años, Capote y Labrar, pertenecientes a la zona de Freirina y proveedora de cobre, se llenaron de familias dispuestas a trabajar y, de paso, generar un bienestar económico para la zona y el resto del país. Como casi siempre sucede la riqueza luego de un tiempo se agotó y los antiguos poblados llenos de vida, terminaron en remedos fantasmas. En Capote sobrevive el teatro y la pulpería. En Labrar solamente un par de espectaculares chimeneas que se mantienen en pie y que les ha valido la catalogación de Monumento Nacional. Uno de los tres que ostenta Freirina, ya que la riqueza de las minas provocó un despegue arquitectónico que se reflejó en los otros edificios protegidos y que conviven en los costados de la remozada plaza de armas. El Edificio de los Portales, que cobija al municipio, construido en el año 1870 y de colores blanco y celeste, es uno de ellos.

El otro es la Iglesia de Santa Rosa de Lima, construida por el ingeniero Carlos Lambert, en el año 1830. Con una gran torre, preside la plaza y es la construcción más alta de Frerina. Sin embargo, su vida está llegando a pasos agigantados a su fin, ya que debido a una serie de temblores que afectaron la región parte de la techumbre y de la cúpula principal se derrumbaron. Y falta muchísimo dinero para la restauración, por lo que es más posible que otro movimiento telúrico la bote antes que logre estar reconstruida nuevamente.

Los Callejas
Un apellido se repite en los relatos de la gente. Y la reiteración es parte de la historia del lugar. La familia Callejas es uno de los referentes más importantes a la época dorada de Freirina, ya que fueron los encargados de la mayor explotación y vida del mineral de Capote a inicios del siglo XX.

El principal referente de este antiguo esplendor es la magnífica casona que se encuentra distante a un par de cuadras de la plaza. Construida en la década de los ‘30, su estilo trasciende y rompe con las estructuras normales del resto del pueblo.

Desde las afueras se ven enormes muros de cemento, sin embargo es posible entrar al inmueble en el que aún viven descendientes directos de los Callejas. Gracias a la interlocución de la guía local, Marinela Maldonado, pudimos ingresar al edificio. La sorpresa es mayúscula al ver un sincretismo de estilos y una impresionante escalera azulada en el patio interior. Grandes salones, con restos de un pasado oneroso, en los que aún se puede respirar el aire aristocrático que cubrió de vida la casa en el tiempo de mayor apogeo. Un secreto de Frerina.

La Alta Gastronomía del Valle
El río Huasco no solamente ofrece la inmejorable perspectiva del verdor vegetal en medio de cerros desérticos. También es el principal gestor de la gastronomía local, una de las verdaderas joyas del sector.

Las aguas dulces del Huasco riegan vastas extensiones de terreno en que sus pobladores han plantado miles de olivos que crecen con las ventajas del clima local. El resultado es el excelente aceite de oliva que producen pequeños agricultores y que es sumamente apreciado en cualquier buena cocina que se digne de tal.

Eduardo Riarte lleva 20 años en el fino arte del aceite de oliva. Tiene una artesanal fábrica en que junto a siete operarios saca el jugo a las aceitunas del tipo “Liguria” en grandes trapiches para su posterior filtrado y destilación. Con su simpatía a prueba de balas, nos conduce por su mundo de olivos y enseña el cuidadoso procedimiento que sigue el fruto hasta convertirse en aceite. De hecho el año pasado embotellaron más de 3 mil litros que sazonan ensaladas y guisos en la región y algunos sectores de Chile.

Pero el Huasco no solamente entrega los frutos del olivo, también en su caudal se encuentra parte de la fama que tiene Freirina: los camarones de río.

Crustáceos de agua dulce que se esconden en zonas fangosas, según cuenta Gastón Aguilar, experimentado buzo con más de 25 años de trabajo en la extracción del camarón. En cada incursión, en la que permanece varias horas sumergido en el río, logra sacar entre 5 a 10 kilos del animal. Aguilar no duda en calificar al camarón como un ser “inteligente” ya que su capacidad de sobrevivencia ante la depredación es cada vez más asombrosa, por lo que a la decena de camaroneros que operan en Freirina se les ha hecho cada vez más arduo su trabajo.

Aún así en el mentado bar que inicia la nota, el “Haití” vecino a la plaza, las manos de Laura Vallejos, dueña del local, preparan una serie de bocados en que el principal ingrediente es el camarón.

Empanadas, ensaladas (bañadas con el omnipresente aceite de oliva) o fritos, son las variedades que los comensales del bar pueden paladear con igual deleite.

Una delicia. Tanto como la frescura de las gentes de Frerina que con un candor y aprecio hacia al afuerino, ese mismo que se extraña en la ciudad y que cada vez es más escaso en las provincias, hacen sentir que el pueblo tiene mucho más para ver. Para estar una temporada y observar que el milagro que otorga el Huasco no proviene solamente de los oasis a sus riberas, si no que también en el encanto que seduce y que imanta en medio de montañas resecas y mágicas.

Freirina es un pueblo sin igual. Un regalo en medio del valle emblemático de la III región.


Texto y Fotografías: Jorge López Orozco.

DATOS UTILES.
• La mejor Guía: Para mayores informaciones contactar a Marinella Maldonado, amplia conocedora de la zona. Los contactos al mail pio_m_2000@yahoo.es o al teléfono 09-7638655.
• Dónde Comer: Sin dudas en el café Haití, que aparte ofrece alojamiento a módicos precios.

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