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CHILE DISMINUYE MORTALIDAD MATERNA SIN LEGALIZAR EL ABORTO

Chile Disminuye Mortalidad Materna Sin Legalizar el Aborto

En 1960 morían en Chile 870 mujeres durante el embarazo o parto, de las cuales 275 lo hacía por complicaciones relacionadas con el aborto. Sin embargo, las estadísticas actuales demuestran que durante esta etapa fallecen 44 mujeres y sólo dos perecen por alguna dificultad vinculada con la interrupción del embarazo.

“Si consideramos que entre 1931 y 1988 existió en Chile aborto terapéutico, el cual fue prohibido a partir de 1989, y comparamos ambos periodos, vemos que su estatus legal no produjo ningún impacto en la tendencia a la reducción de la mortalidad materna”, explica el doctor Elard Koch, epidemiólogo y académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

Más aún, añade el experto, después que el aborto terapéutico fuera impedido, la mortalidad materna y por aborto disminuyeron adicionalmente: de 41,3 a 18,2 (-44,1%) y 16,5 a 1,7 (-10.3%) por 100.000 nacidos vivos, respectivamente.

El Dr. Koch y su equipo están realizando un estudio sobre mortalidad materna y fallecimiento por aborto en Chile sobre el cual el académico presentó algunos avances en la reunión inaugural del Grupo de Trabajo Internacional para la Investigación de Salud de la Mujer, que se llevó a cabo en Washington DC.

“El caso chileno es un ejemplo a nivel mundial porque nuestra mortalidad por aborto es mínima, similar a la de los países desarrollados. Incluso, es mucho menor en comparación con Guyana, India o algunos países africanos, donde esta práctica es legal” plantea.

Asimismo, el epidemiólogo sostiene que, según se desprende de los datos estadísticos de egresos hospitalarios, el aborto en Chile se mantendría estable y en cifras mucho más bajas que donde es legal. “Pero no sólo eso, nuestros hallazgos sugieren que incluso los abortos clandestinos se llevan a cabo con métodos y condiciones de bajo riesgo porque, de lo contrario, nuestras estadísticas vitales darían cuenta de una mayor incidencia de mortalidad por complicaciones secundarias, como sepsis y hemorragias”, apunta.

Factores Clave
El doctor Koch resalta que, sin duda, junto con la promoción de embarazos seguros que incluye el control prenatal precoz, la atención profesional del parto y la atención obstétrica de alto riesgo, los factores clave que están asociados a esta “baja tan notable de la mortalidad materna” serían la reducción del analfabetismo de la madre, que era mayor a 154 por cada 1.000 nacidos vivos en 1960 versus 1,4 por cada 1.000 nacidos vivos registrados en la actualidad, y el incremento en la educación promedio de la mujer en edad económicamente activa: en 1960 era menor a cuatro años mientras que hoy supera los 12 años.

En tanto, un tercer factor involucrado, de acuerdo a los modelos de regresión para series temporales aplicados por el doctor Koch, correspondería a la cobertura de atención profesional del parto que en 1960 llegaba a 69% y hoy alcanza 99,7%.

“Vale la pena destacar que la reducción de la fertilidad en Chile (el número de hijos promedio disminuyó de 5.1 en 1960 a 1.88 en 2007) no presenta un efecto detectable en la baja de la mortalidad materna general luego de controlar por el nivel educativo, aunque si tuvo una influencia en la mortalidad específica por aborto”, comenta.

En tanto, el epidemiólogo añade que los métodos de regulación de fertilidad utilizados a partir de 1964 se orientaron más bien a las mujeres que habían experimentado su primer embarazo o multíparas, mientras que la reducción de la mortalidad materna habría generado paralelamente un incremento importante de las primíparas sobrevivientes al primer parto. Enfatiza que “es el nivel de educación el que, probablemente, influye simultáneamente sobre la conducta reproductiva y la mortalidad”.

“Tras analizar la experiencia chilena en 50 años podemos concluir que la educación juega un rol fundamental para reducir la mortalidad materna. Una mejor formación de la madre permite el uso más adecuado de los servicios de salud materna disponibles, mientras que su mayor instrucción se asocia con el ingreso al mercado laboral, lo que retrasa el matrimonio y embarazo. Además, la mujer desarrolla su autonomía y autocuidado mediante el uso eficiente de distintos métodos de planificación familiar, lo que disminuye embarazos no intencionados y, en consecuencia, los abortos” acota el doctor Koch.

Añade que una mejor educación “puede facilitar que muchas mujeres reconozcan al embrión o feto como un ser humano, optando por tener al bebe aún cuando en principio ese embarazo haya sido no intencionado, lo que también disminuiría los abortos”. En resumen, dice, el caso chileno demuestra que las políticas públicas destinadas a mejorar la educación de la mujer y promover el embarazo seguro logran reducir la mortalidad materna sin la paradoja de legalizar el aborto inducido. Esto, puede orientar a otros países en vías de desarrollo para mejorar sus indicadores de salud materno-infantiles. 

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