

A hora y media de Santiago, en Rancagua, es posible acceder a un verdadero paraíso, las Termas de Cauquenes. Su tranquilidad invita al descanso permanente, aún si se está caminando por los senderos en medio del bosque, por que cada paso parece oxigenar el cuerpo y traer los recuerdos de momentos apacibles. Asimismo ocurre con su gastronomía, la que ha sido destacada por importantes publicaciones especializadas del país, y que es de carácter familiar, ya que René Akline y su hija Sabine, son quienes procuran la excelencia en cada uno de sus platos.
Con una larga trayectoria, René Aklin llegó a nuestro país para ayudar en la profesionalización del área de la gastronomía en Chile. Sus primeros pasos fueron en las aulas de clases, después de haber pasado por lugares tan diversos como Israel, Turquía, Tokio y europa. De toda su carrera trajo a Chile la dedicación por una actividad que hasta ese momento no tenía la profesionalización necesaria para destacarse en un mercado internacional. Poco a poco, decidió quedarse definitivamente tan lejos de su natal Suiza e inicira una nueva vida al sur del mundo.
Fue en el año 1980, cuando a través de una licictación se hizo cargo de las tradicionales Termas de Cauquenes. Junto a su esposa en la administración y a su hija Sabine, quien siguió sus pasos, le han dado un nuevo concepto a este lugar, el que se ha destacado ciertamente por una muy buena gastronomía, la cual deja de lado las grandes formas para dar todo el mérito a los grandes sabores.
A diferencia de lo que muchos puedan esperar en un restaurant, en las termas no hay una carta menú propiamente tal, si no, una selección de menú que día a día va cambiando su cara, de la mano de las creaciones de estos dos reconocidos chef, en la cual se pueden encontrar a diario tres opciones de entradas, tres de fondos y por supuesto, no se quedan atrás en la oferta de postres con los cuales buscan dar en el gusto a los variados paladares que pueden hospedarse en este lugar, o a quienes llegan especialmente a degustar de sus platos a la hora de almuerzo o cena.
La variedad es algo necesario, señala Sabine Aklin, ya que "nosotros tenemos un público que no cambia a diario como en un restaurant, si no, que están aquí varios días, por lo tanto, no le vamos a tener los mismos platos por una semana o más tiempo. La idea, es que puedan disfrutar de un menú distinto cada día". Precisamente, etse punto es el que les exige una craetividad constante, en la cual la oferta pueda satisfacer tanto a sus clientes esporádicos, como a aquellos que les visitan regularmente.
Para Sabine, una verdadera hija de tigre, que ha sabido ganar su propio espacio en el mundo de la gastronomía, a pesar de la imponente figura que es su padre en el medio, el secreto de una buena cocina es pensar siempre en lo mejor para el cliente. Bajo esta premisa, han llegadoa acuerdos en la cocina con su padre, ya que ambos provienen de escuelas distintas. En tanto él se formó en Europa, Sabine se fue a estudiar a norteamerica, y es este equilibrio el que hoy se puede observar en sus platos. Como Sabine explica, "siempre utilizamos los mejores productos para desarrollar nuestros platos y buscamos que estos se destaquen a través de puntos exactos de cocción y sabor".
Dentro de las preparaciones que desarrollan esta gran dupla gastronómica, se destacan por los pescados y mariscos a pesar de estar alejados de la zona costera, lo cual solucionan trabajando con un muy buen proveedor que les permite mantener su oferta y calidad. Sin embargo, no se puede dejar de lado lo sabrosas que resultan las carnes, muy generosas en sus porciones, o la novedad de una deliciosa sopa de hongos sureños, que hace preguntar su nombre una y otra vez, como para no olvidar.
En sus entradas ya se marca variedad, ya que puede ser con pescado como sierra o con carnes blancas, como la tostada de ave y salsa de champignones. Sus fondos, de carnes diversas como el cordero o un gran trozo de carne en su punto acompañado de verduras asadas, se puede contraponer a una sabrosa preparación de atún. Y es que a pesar de no tener una amplía carta, a diario se preocupan de que la variedad permita satisfacer a los paladares más diversos, y por que no también, a los más exigentes.
Por supuesto, no dejan de lado a los más golosos, quienes pueden darse un verdadero festín degustando una base de merengue con helado de mango, que a pesar de su intento no logra tapar el dulzor de la gruesa base de este postre, y que para rematar terminan con una porcón de crema y un chorrillo de salsa de frambuesa.
Simplemente, después de esto, queda la cierta posibilidad de caminar por los alrededores para luego adelantar el descanso en una de sus tinas de agua termal, ya sea en las de marmol de carrara que son todfo un lujo, o en las más modernas que tienen la ventaja de entregar un relajante hidromasaje. Simplemente un lugar para dar en el gustos a todos.
También se puede aptrovechar un relajante masaje a manos de un masoterapeuta o simplemente escoger la aventura con cabalgatas o tours a sectores de interés turístico, como el cercano campamento de Sewel. Y es que en estos parajes en calma alrededor de Rancagua, la vida tiene un ritmo distinto, y por que no decirlo, la cocina también.
Así, con el mismo cuidado y dedicación que da a cada plato, Sabine se las arregla para presentarnos la receta del postre de huevos chimbos, rescatada del baúl de los recuerdos. Esta preparación, muy popular en el tiempo de la colonia, se fue dejando de lado con los años, quizás por el tiempo que lleva desarrollarla, ya que no es de tan alta complejidad, al menos así parece en las palabras de una experta. Sin embargo, un buen gusto en la boca, bien vale la pena la dedicación.
Huevos Chimbos
Ingredientes
6 yemas de huevo crudas
½ clara de huevo cruda
1 taza de azúcar
1 taza de agua
Un chorrito de vainilla líquida
Una copita pequeña de pisco
Almendras sin piel defiladas
Mantequilla para molde o antiadherente
Preparación
Batir las yemas con la clara hasta que quede bien espumoso. Luego vaciar esta mezcla en un molde rectangular previamente cubierto con alusa plas y untado con autoadhesivo a mantequilla.
Colocar este molde a baño maría tapado con alusa plas y probar su cocción con un palito de madera. Estará listo cuando el palito salga limpio.
Dejar enfriar tapado en el horno hasta el día siguiente. Al otro día desmoldar, cortar y rociar con almíbar aromatizado.
Almíbar: poner agua y azúcar en proporción uno a uno, al fuego, revolviendo de vez en cuando hasta que la mezcla este a punto de pelo. En ese momento, sacar del fuego y dejar enfriar. Una vez frío, agregar una copita de pisco y un chorrito de vainilla.
Servir con almendras desfiladas y tostadas, y un poco de azúcar flor espolvoreada.
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