

Caldera tiene un montón de historias que contar. Sus calles, su Iglesia y sus mudos y señoriales edificios señalan un pasado lleno de esplendor en que las riquezas de Chile se embarcaban desde las tranquilas aguas de la costa calderina. Lejanos testigos que hoy buscan reciclarse y encantar al gran número de personas que visitan la ciudad.
La Ruta Histórica
No es por ser majadero, pero acá hay harto paño para cortar... más bien para contar. Comencemos con la plaza. A pesar de ser una explanada recientemente construida, los edificios a su alrededor aún conservan el esplendor de antaño.
La elevadísima iglesia San Vicente de Paul es parte del patrimonio mítico de Eiffel (el de la torre de París), no porque dicho constructor haya estado en la zona, sino porque su estructura fue una obra de la empresa del afamado francés. Otra particularidad es que en su interior se venera a la Virgen de Dolores, la patrona del ejército del Perú. No es un error, si no que nuestros soldados la trajeron acá luego de la Guerra del Pacífico.
Al otro costado de la plaza se halla la municipalidad y una serie de edificaciones de un estilo clásico, de un solo piso y grandes patios internos. Justo en la orilla de la plazoleta que da al puerto, se abre la calle Gana, en la que puede encontrar un par de edificios antiguos y en el que, lamentablemente, no hay ningún letrero que haga mención a sus orígenes: la casa Tornini, de color rojo y colindante a la calle Edwards y luego la Ex Aduana, siguiendo por Gana y al llegar a la costanera.
Ya que llegamos al mar es imposible no fijarse en una de las joyas locales: su ex Estación de Trenes. Monumento Nacional, fue edificada en 1850 para recibir, como estación terminal al primer tren que surcó Chile y Sudamérica: La Copiapó. Caso raro en la región, su estructura ha sido rescatada a conciencia y hoy es utilizada como un gran centro cultural con exposiciones permanentemente abiertas al público. Todo un ejemplo.
Para continuar con parte de la historia local, toda ella salpicada de sabrosas anécdotas, como por ejemplo la de que el primer conductor de La Copiapó no pudo manejar la máquina el día de la inauguración porque comenzó a celebrar antes de tiempo con las consecuencias obvias; o que en Caldera se inició un serio proyecto para construir un submarino chileno en pleno siglo XIX; o que Ramón Barros Luco, futuro presidente de la nación, se salvó de morir ahogado en las costas calderinas luego de que hundieran su barco en la revolución de 1891... disculpen, me desvío del tema.
El recuento continúa con la visita a la Gruta del Padre Negro, sacerdote que anduvo por estos lares a comienzos del siglo XX. Proveniente de Colombia, el religioso Crisógono Sierra se convirtió en una leyenda local tanto por su carisma como por sus milagros: clarividencia y la posibilidad de estar en dos lugares a un tiempo. La comunidad agradecida terminó, luego de su muerte, la gruta dedicada a la virgen en las afueras de Caldera. Es un espectacular lugar con pinturas sobrecogedoras y hasta un tanto perturbadoras.
Finalmente, si quieres recordar nombres y rendir homenajes el lugar es el Cementerio Laico, el primero de su calidad en el país y que fundado en 1876. En sus patios se encuentran marinos del barco Blanco Encalada hundido en 1891 (el mismo de Barros Luco), soldados de la Guerra del Pacífico o conductores de los primeros trenes.
La Ruta Culinaria
Pero no todo es historia ya que Caldera es un regalo al paladar. Baja cerca de la estación, al lado del muelle y verás un surtido de locales con especialidades regionales. ¿El plato de la casa? La empanada de Ostión por unos $800 pesos. Los precios son módicos, los platos contundentes y la atención es espectacular. Después consulta por la vuelta en lancha a la bahía y le sumas un heladito como para lucirse con el postre.
Pero para quienes deseen degustar y saber más sobre la figura local, el ostión, pueden acceder a visitar sus lugares de producción en la “Ruta del Ostión”. Por unos $6000 pesos puedes obtener una visita al centro de cultivo, una degustación y un paseo en lanchita. Así quedas convertido en un experto conocedor del marisco.
La Ruta de las Playas
Pero estamos en la costa y eso es difícil de olvidar. El aire marino y el intenso sol ayudan a que las ganas de refrescarse se convierten en verdaderos deseos imposibles de renegar.
Si andas por el muelle verás la playa más próxima a las pretensiones bañistas: la Copiapina. Chiquitita y limpia, es imposible no darse cuenta de su existencia al haber una gran cantidad de niños y otros no tanto, que luchan por darse el mejor piquero estilo guatazo desde las alturas del malecón.
En cualquier caso, si te incomoda la competencia, puedes avanzar unos seis kilómetros por la carretera hacia el norte a la afamada playa Ramada que, lejana a los aires dieciocheros de su nombre, recibe a sus visitantes con arenas puras y un oleaje perfecto. Aunque no tiene grandes comodidades, su ventaja es la cercanía al puerto.
Un poco más al norte, a 11 kms., se ubica el santuario de la Naturaleza “Granito Orbicular”, una rareza geológica. ¿De qué se trata? Son rocas provenientes del centro de la tierra con incrustaciones redondas en su interior y que se encuentran en tres lugares del mundo: Finlandia, Japón y Chile. En todo caso aparte de la belleza de sus rarísimas formas, hay playas perfectas y pequeñas que aplacan el calor. Como para relajarse unos minutos y pensar que en Caldera hay mucho que ver.
Por Jorge López Orozco
DATOS UTILES
*Alojamiento y Tours:
El mejor lugar es la oficina de Turismo ubicada en la Plaza. Precios hay para todos los bolsillos, sobre todo en verano.
*¿Cómo llegar?
Desde Santiago en bus desde $6000.
Desde Copiapó en bus desde $1000 y $1600 ida y vuelta.
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