

El avión da el clásico giro sobre el Estrecho de Magallanes antes de enfilar sobre el aeropuerto de la ciudad más meridional de Chile. Ciudad, no pueblo, porque las decenas de miles de puntarenenses han provocado que, en poco más de 100 años de vida, una franja despoblada de tierra sobre el Estrecho de Magallanes se haya transformado en el centro económico más pujante de Patagonia.
El viento arrecia con rachas sobre los 120 kilómetros por hora. Cosa rara para esta época del año ya que estas ventoleras azotan a contar de octubre en adelante. Sin embargo, para los habitantes de este extremo no es algo que les obligue a cambiar sus rutinas, muy por el contrario, la ardua convivencia con las inclemencias del tiempo es algo más que asumido.
Punta Arenas, fundada en el año 1848 por José Santos Mardones, posterior a la ubicación del Fuerte Bulnes (1843), tuvo un rápido crecimiento con la llegada de grandes latifundistas como José y Alejandro Menéndez, José Montes o Juan Blanchard que vieron en la zona un potencial ganadero de importancia.
Las amplias llanuras antes habitadas por Tehuelches y guanacos fueron reemplazadas, a fuerza y sangre, por baqueanos y ovejas. El oro blanco, como se le llamó a la fiebre ovina, provocó que Punta Arenas se convirtiera en el eje comercial de Patagonia.
Retratos de Antaño
El punto clásico del conocimiento de una ciudad parte indefectiblemente en su plaza de armas. La de Punta Arenas, nominada “Muñoz Gamero”, tiene atractivos incuestionables como el monumento a Magallanes en que se ubica a un costado un Selk’nam. La leyenda reza que quién le dé un beso al dedo gordo del pie, vuelve. De tanto ósculo el bronce se ha pulido mucho más que todo el monumento en sí.
Los antiguos cipreses de la plaza son vecinos de varios edificios con un significado histórico. La Municipalidad es el ex palacio de José Montes, el Club Militar la mansión de José Menéndez, el Club de la Unión la casa de Sara Braun y el Museo Regional, la residencia de la familia Braun Menéndez.
Sus construcciones son fastuosas y recuerdan una época en donde la distancia de los grandes centros urbanos no fue impedimento para recrear formas de vida similares en los dueños de la Patagonia de fines del siglo XIX.
Corroborar esto es posible visitar al el Museo Regional (1983), a media cuadra de la Plaza, dónde se encuentra todo el mobiliario usado por los Braun Menéndez en su “sacrificada” existencia austral. Más aterrizada sobre los orígenes de este lugar y su ignota historia es la muestra del Museo Saleasiano.
Creada en 1893 por los misioneros de esta congregación cuenta con una serie de salas entre las que destacan exposiciones referidas a etnología, minerología, artesanía indígena, flora y fauna. Pero por sobre todo una acabada muestra de utensilios, fotografías y elementos usados por los pueblos originarios de toda esta zona.
La marca de los salesianos no solamente quedó ahí, también puede verse parte de su labor en la Catedral, ubicada a un costado de la Plaza, construida en 1901 con ladrillos. Siendo pionera en este tipo de edificaciones.
¿Más? Están también el museo Naval y el Militar con diferentes artefactos e historias de toda la ocupación de la Patagonia por el ejército chileno, ya que, cabe decirlo, fueron los responsables de la soberanía desde un principio.
Pero una mejor imagen de toda la vida pionera por la que lucharon los hombres de hace un siglo es posible observar en el Museo del Recuerdo. Ubicado en el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, desde 1969 muestra una serie de carruajes, máquinas y herramientas utilizadas entre 1850 a 1950.
Para finalizar el recorrido sobre el pasado hay que darse una vueltecita por el cementerio. Lejos de lo macabro este es un lugar de los más bellos de Punta Arenas. Una serie de pinos cortados en formas redondeadas y cientos de mausoleos, reflejan el antiguo esplendor del puerto.
Punta Arenas Hoy: Entre Compras y Barrio Rojo
Por la calle Bories, la principal de la ciudad, es posible vislumbrar una pequeña pero altamente concurrida área comercial. Los precios son bajos debido a que la región está exenta de impuestos, cosa fácilmente comprobable en los edificio de la Zona Franca, al oeste del centro, pasando el mítico monumento del Ovejero. Postal Obligada.
La Zona Franca comprende amplios galpones dónde se venden electrodomésticos, comestibles argentinos, automóviles con grades descuentos, whiskies, ropa, etc. El lugar se transforma cada fin de semana en uno de los paseos obligados, moda chilena transversal de la última década.
Una caminata de mejor aspecto y sin vitrinas es la cercana costanera sobre el Estrecho de Magallanes. Un largo trayecto que llega hasta prácticamente al puerto y en que se ubican una serie de monumentos en madera. Acá se respira tranquilidad y una hermosa visión sobre el Pacífico, mientras el inefable viento enfría el rostro.
Uno de los lugares igualmente interesante a la vista es la sección del Barrio Rojo. Informalmente situado cerca del muelle, es posible ver numerosos barcitos que tientan a marineros y viejos estandartes que buscan un poco de “calor humano”. Las viejas casonas que reciben a los parroquianos hacen vivenciar el alma que todo puerto debiera tener.
Nieve Frente al Mar
La mezcla que es Punta Arenas con sus áreas que se cruzan y forman barrios de coloridas y bajas residencias es complementada con uno de los atractivos invernales más interesantes del lugar. A poco andar, a 9 kilómetros de la ciudad, se ubica el Monte Fento (600 msnm) con una insuperable panorámica sobre Punta Arenas, el Estrecho y Tierra del Fuego.
En sus faldeos hay pistas de esquí que son parte del Club Andino, institución creada en 1948, y que mantiene el deporte blanco para sus socios y para toda la comunidad. Esquiar con vista al mar tiene algo de alucinante. Tanto como sus bosques de lenga o enterarse que sólo necesita 15 centímetros de nieve para abrir el centro.
Los puntarenenses hablan sobre el cambio climático, que ya los inviernos no son como antes, que no nieva. Cae el sol tras el Monte Fento, son las 5 de la tarde y el frío cala hondo los huesos para un foráneo.
Las luces de la ciudad alumbran uno de los últimos rincones del continente, el mismo que recorrieron y seguirán circulando viajeros de todo el mundo. Punta Arenas los espera a todos con su manto helado. El pie del Selk´nam aguarda por un nuevo beso.
Texto y Fotografía: Jorge López Orozco (periodistaviajero@chile.com)
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