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CHILENOS PATIPERROS

LA CHILENA QUE ADOPTA A
HUÉRFANOS DE CHERNOBYL

Que la vida de la chilena Sonia Paz Soto Aguilar está para guión de película es más que una frase en el tintero. Su existencia ha estado llena de hechos decidores que fueron forjando su vida y su personalidad. Hija de un Comandante de la FACH, Osvaldo Soto Aguilar, y de una escritora, Sonia Orellana, esta mujer aprendió desde pequeña a vencer los obstáculos del camino. 

Cuando apenas tenía tres años sufrió una poliomelitis que la dejó postrada en una cama. Los diagnósticos no eran alentadores. Sin embargo, gracias a los tratamientos recibidos en Italia, país al que fue trasladado su padre y donde vivió un par de años, Pachi -como todos la llaman- se recuperó. No obstante, las secuelas de la enfermedad la dejaron con una evidente cojera que carga hasta hoy día.

Pero eso no sería suficiente para opacar sus planes. Luego de pasar por varios colegios de Chile e Italia, ingresó a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, donde destacaría no sólo por su talento sino también por su belleza. Dueña de una simpatía y personalidad avasalladora, Pachi también hizo camino en la música. A fines de los sesenta brillaba en los escenarios locales cantando en el dúo “Pachi y Pablo”, formado un par de años antes junto a un compañero de universidad.

Pero, en aquella época los tiempos políticos eran difíciles y la realidad amenazaría su juventud. “Después del Golpe Militar de 1973 fui prisionera política una semana. El resto del año me fue súper difícil trabajar en lo que yo hacía (cantante). Me pusieron en una lista negra y la gente de televisión tenía miedo de contratarme. Así es que en el 74 después de recibir un aviso de que sería posiblemente arrestada de nuevo, decidí dejar mi querida patria y volar hacia la libertad”, sentencia.

Desde Chofer de Limusinas hasta Modelo de Sombreros
Desde entonces, Pachi tuvo que arreglárselas para sobrevivir y financiar sus estudios en el país del norte. Fue así como para pagar su clases de teatro en la Universidad de Rutgers trabajó en diferentes oficios. “Fui chofer de limusinas en Nueva York, vendedora de pasteles en un café de Georgetown en Washington DC, modelo de sombreros en Nueva York, asistente de producción en Columbia Pictures, manager de una clínica médica por 11 años, guardadora de niños abusados y traductora en la Corte Superior de mi pueblo en San Luis Obispo, California”, comenta.

En ese país también conocería al doctor Norman Baron, con quien se casaría en 1976 y con quien tuvo tres hijos: Emily Pascale, Jason Allan y Michelle Amy. Así, mientras su esposo trabajaba en su consulta clínica, ella estudiaba música en el Conservatorio de Allan Hancock College. Pero la tranquilidad de su familia se vio fuertemente remecida cuando en 1988, Pachi perdió a los seis meses de embarazo a los mellizos que esperaba. Un fuerte golpe que replanteó su vida y que dos años más tarde terminaría también con su matrimonio.

Pachi recuerda, en esta entrevista, este hecho como unos de los momentos más fuertes que le tocó vivir estando en el extranjero. “Los momentos difíciles acá no ha sido uno sino varios: cuando perdí a mis mellizos a los seis meses de embarazo, mi divorcio y cuando perdí mi casa”.

Debido a las secuelas de la poliomelitis, y luego de esta pérdida, le informaron a Pachi que no podría tener más hijos. Una sentencia que no terminó con su sueño de maternidad: fue entonces, cuando decidió que adoptaría.

Pachi y sus Hijos Adoptados de Chernobyl
Así a los 40 años, Pachi inició la larga tarea que implicaría la adopción. Viajó a Chile en 1994 para adoptar, pero no se lo permitieron por ser ya madre de hijos biológicos. Sus ojos se pusieron, entonces, en los niños huérfanos de la tragedia nuclear de Chernobyl. Muchos de los padres de estos menores habían muertos y se encontraban solos o, bien, los niños habían sido abandonados debido a las enormes malformaciones producto de la radiación.

Estas características reunía Nikita, un menor ucraniano que residía en un orfanato de ese país, y con el cual mantuvo correspondencia durante siete años, antes de poder abrazarlo e ir a su encuentro. Luego, de un mar de dificultades, logró viajar a Ucrania para encontrarse con el menor, pero de ese viaje no sólo regresó con él, sino también con Dimitri, otro menor, que según comenta, apenas la vio se abrazó de sus piernas y le pedía que también fuera su mamá.

Ambos niños habían nacido con la vejiga afuera, luego de un par de operaciones, los menores lograron recuperarse, no tendrán problemas para tener hijos y su desarrollo será integral y absolutamente normal.

Mientras Pachi esperaba a Nikita supo a través de una asistente social sobre una menor llamada Galina, que vivía en un orfanato ruso ubicado en la ciudad de Ufá. Sin más cuestionamientos la adoptó y llevó a su casa en Estados Unidos, la rebautizó como Tatiana, mientras entre trámites y papeles esperaba por su otro hijo en adopción, al que abrazaría siete años más tarde.

Pero, el amor incondicional de esta mujer no se detuvo con la adopción de estos tres pequeños. Esto, porque aún recuerda a una pequeña del orfanato ucraniano que se le acercó y le pidió que fuera también su madre. La menor que se llama Ela aún espera que Pachi vaya a buscarla. La escasez de recursos, pues estos trámites la chilena los ha asumido sola, han demorado la adopción de la menor en Ucrania.

Junto al inconmensurable amor hacia el prójimo, esta actriz y cantante también sueña con pasar el resto de sus días apaciblemente en Chile, el país que la vio nacer y del que un día tuvo que huir. “Mi sueño es regresar a Chile en primavera, ir al campo, comprar un terreno, plantar una huerta con árboles frutales, construir una casa de campo y vivir el resto de mi vida tranquila, junto a la naturaleza, pintando acuarelas y cocinando cazuelas, empanadas y humitas los domingos para toda mi familia que vendrán a almorzar donde “la abuelita Pachi”.

En la actualidad, Pachi está abocada a su trabajo en la Fundación MellowSwan (www.mellowswanfoundation.org) cuya idea lograr que menores discapacitados viajen a Estados Unidos para operarse y quedar así a la espera de un familia para ser adoptados. Para la adopción de su hija Ela, Pachi abrió la cuenta número 3 520 280 107 del Banco de Chile para recibir aportes a su proyecto.

Por Carmen Luz Rivera.

ACLARACIÓN
Debido a las múltiples ofensas y especulaciones que esta historia ha suscitado en los lectores, el portal chile.com aclara que: 1. La cuenta bancaria que Pachi abrió en el Banco Chile tiene por finalidad recuadar fondos para la adopción de su cuarta hija Ela. Y su objetivo fue recibir ayuda para tal proyecto -Proyecto ELA-, especialmente, de amigos y familiares. Bajo ningún punto de vista, esta cuenta tiene como fin recudar fondos para la fundación sino sólo para este proyecto en particular. 2. La página de internet de la fundación existe desde el año 2005, así le consta a la periodista que escribió el artículo. Por un error de tipeo, quedó un espacio en la dirección de la página web, razón por la cual no se podía ver el sitio de internet. 3. Chile.com como medio de comunicación que contó con la confianza de esta chilena para escribir su historia de vida, pide disculpas a Sonia por los daños y ofensas que este mal entendido provocó.

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