SECCIONES

A LA CHILENA

SERVICIOS

HERRAMIENTAS

CORPORATIVO
EMPRESAS
Socio de IAB CHILECertifica.com
RECORRIENDO CHILE

PERSA BÍO BÍO

Persa Bío Bío

Las barriales calles de la zona de Franklin sufren una metamorfosis semanal. Aromas y colores de fiesta se alzan cada sábado cerca de las 10 de la mañana, inaugurando un cosmos asombroso que durante años ha sobrevivido los avatares de la modernidad que inundan, cada vez más, a Santiago.

La cultura popular de la ciudad existe, en las calles del antiguo matadero Franklin, envuelta en un ir y venir constante de más de treinta mil personas que atiborran los diferentes galpones en el que se puede encontrar de todo.

Antigüedades, cachureos, productos computacionales, música, ropa, comida, artículos deportivos, para el automóvil, para el aseo, plantas, pinturas, juguetes, bicicletas, muebles para todo el hogar, sumado a una inimaginable cantidad de etcéteras hacen del sector una fuente del deseo o una especie de aguja en el pajar en dónde casi siempre uno  termina llevando algo que no se tenía en mente.

Tradición del Pueblo
El Persa es sinónimo de muchedumbres, hallazgos y ventas de cualquier cosa por precios más que convenientes.

Centrado principalmente entre las calles Bío Bío, Placer y Víctor Manuel, los mercados tipo “persa” corresponde a una tradición que proviene de la década de los ’30. En dicha época, debido a una poderosa crisis económica, la población halló en las cercanías de la calle Balmaceda, en Mapocho, el lugar de un primer e improvisado Persa. En igual tiempo la zona de Franklin vivía un auge laboral con la Curtidumbre que aprovechaba la proximidad del Matadero para producir zapatos industriales.

En sus amplias estructuras la producción se mantuvo hasta 1979. Durante los años que acompañaron a la industria, en sus alrededores, una serie de comerciantes callejeros se apoderaron de las veredas y ofrecían a los compradores del antiguo Matadero nuevas mercancías a bajos precios.

Fue otra crisis la que formalizó el Persa. La recesión del año ’82 sumada a la desaparición de la Curtidumbre, provocó que el nuevo dueño del sitio industrial cediera los grandes galpones a los vendedores ambulantes. Este fue el punto de inicio del Bío Bío tal como ahora es.

Luego, en los años ‘90, se techarían grandes patios que extendieron los dominios del mercado hasta San Diego, consolidándolo como uno de los centros comerciales más importantes de Santiago. Y no sólo eso, si no que se convierte en uno de los últimos íconos tradicionales de la historia popular del siglo XX junto con las Ferias Libres, las fondas dieciocheras, la Vega o la mismísima Piojera.

Mil Imágenes del Bío Bío
Tan solo llegando el paisaje se transforma en una surrealista postal metropolitana, en donde se conjugan los símbolos de la modernidad y tradiciones antiquísimas. Saliendo del metro Franklin, línea 2, un amasijo de aromas, gritos y gentíos abordan los sentidos.

Gastronomía para regodearse en las primeras cuadras: anticuchos, empanadas, mote con huesillo, completos o choripanes es la variada oferta. Todo en medio de retratos que sorprenden como, por ejemplo, el dinosaurio Barney ofreciendo sacar fotos a los niños montados en ponis;  o el “Elvis”, consumado baterista de tarros que hasta una vez salió en televisión con Don Francisco, haciendo ya su archiconocido show gutural o una cantante de rancheras que imanta a numerosos visitantes.

Las calles están llenas de gente que se pierden en los galpones tipo mecano que se encuentran más cerca de San Diego y en dónde prima la ropa de marca, los perfumes, artículos de aseo y algunos locales con pertrechos militares. Aparte de espacios llenos de muebles útiles para toda la casa.

Cruzando San Francisco y hasta Santa Rosa hay pequeñas tiendas que ofrecen  películas y discos de desconocidos autores o artículos para computador. Una seguidilla de bares por la vereda norte hace que varios personajes se desvíen por una bienvenida cerveza, pipeño o piscola de mediodía adornada con las canciones de los guitarristas clásicos que son parte de la fauna de la zona.

Luego de Santa Rosa, uno se interna en el Bío Bío tradicional, el de los grandes y antiguos galpones, el de la verdadera exploración en dónde se pueden pasar días completos viendo, comparando o comprando sin repetir.

Piños de personas se agolpan para entrar y perderse por sus laberínticos pasillos. Acá la división es muchísimo más clara, el primer edificio viniendo desde el poniente pertenece, en exclusiva, a los comerciantes de artículos para PC y en los que sus vendedores saben más que  cualquiera que trabaje en una tienda tipo mall.

En la intersección de la calle Placer y Víctor Manuel, se encuentra el más típico de los galpones y que se une a varios más internamente. Meterse acá asemeja a catacumbas pero versión remozada con la cantidad de sonidos que provienen de los locales que venden juegos para Playstation y los que comercian discos compactos nuevos por sólo tres lucas. Una serie de pasillos llevan y desllevan, pierden al novato y hacen descubrir pequeños rincones en los que se venden antigüedades o colecciones completas de muñequitos de series animadas; o latas de pulpo y aceites de oliva españoles; o provocan encontrarse conversando con el señor de los cactus que domina todos los nombres científicos de lo que vende; o con el “nazi” que vende svásticas junto con cortaplumas tipo mariposa, pasamontañas o uniformes camuflados.

El espectáculo es su gente, personajes todos. Los que ofrecen, los que llevan, los que miran, los que duermen en alguno de sus rincones. Es posible ver a punks, anarkos, jipis, cuicos, flaites, soñadores, artistas de televisión, vagabundos, orates y gringos, mezclándose en las pequeñas callejuelas del interior de los galpones en dónde hay que ir vivo el ojo para que alguna de nuestras pertenencias no termine vendiéndose en las afueras del Bío Bío.

Siguiendo, en la parte más norte del Persa hay una serie de patios techados en dónde vive un espíritu más salvaje: mucho vendedor callejero con cosas “calentitas” y pasillos en los que se mezcla ventas de todo... de absolutamente todo. Al fondo, terminando el mercado se encuentran las cocinerías que se especializan en lomitos y salsas de ajo ultra fuertes. Para la sed está hay bares cada una cuadra.

Y si hay ganas de celebrar, al frente está el antiguo matadero que ofrece las carnes del asado a valores sumamente convenientes.

Un Lugar de Encuentro
Democrático, por decir lo menos: hay de todo, vienen de diversos sectores de la ciudad, hay precios rebajados y regateables. Todo se puede tocar, probar y conversar. Se caen las fronteras sociales, las imposiciones actuales del mercado y se arma un mundo aparte de todo convencionalismo.

Hay para investigar acá. Para escuchar y conocer historias potentes de la vida del Bío Bío y de sus personajes que han visto mucho más de lo imaginable. Para perderse en sus pasillos, en sus bares o en sus calles y tener la posibilidad real de observar nuestra  identidad.

Un sitio que invita y seduce. Lleno de sobrevivientes que adoptaron una parte del Santiago antiguo para darle una impronta  que resucita cada fin de semana y que se abre como la mejor riqueza del barrio Franklin.

Texto y Fotografías: Jorge López Orozco (periodistaviajero@chile.com)

Compartir Share/Bookmark
blog comments powered by Disqus


Reserve Hotel

Destino
Fecha de llegada
calendar
Fecha de salida
calendar

Destacamos

$destacado->arti_titulo

La Langosta de Juan Fernández

El Restaurante Squella aún puede sorprender, especialmente de la mano de su nuevo chef, Juan Ramírez, quien ha llegado decidido a potenciar sus sabores, incluyendo la langosta que hoy comparte con nosotros...
leer más

$destacado->arti_titulo

Faisan D'Or, una Apuesta en Plaza de Armas

Una carta de 86 platos da la bienvenida a oficinistas, turistas y público en general. Desde una corvina hasta una lengua arvejada de la cual hoy comparten su receta...Otras Recetas Chilenas
leer más