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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

LOS MEJORES CHASCARROS
DE LA TELEVISIÓN CHILENA

Corría el mes de junio del año 1985. Enrique Maluenda, con su tradicional terno de solapa ancha, y luego de cucharear Salsital para todos los telespectadores y el público, anunciaba un riesgoso número de escapismo protagonizado por el mago Oli. Momentos después aparecía Gerardo Parra en persona para sumergirse en un barril lleno de agua, cerrado con candados que él tendría que abrir en poco más de un minuto.

La música sonaba hasta empañar el sonido del público, Enrique Maluenda hablaba sin cesar y el mago intentaba salir infructuosamente. La señal de emergencia (los golpes en el barril) no se escucharon con el ruido ambiente. El escapista se ahogaba adentro y nadie lo socorría. Se bebió varios litros de agua para tratar de hacerse un espacio por el que respirar, pero aun así lo sacaron a medio desmayar, después de un tiempo considerable, cuando el animador notó que hacía rato la prueba debía estar terminada.

Ese es quizás uno de los momentos más emblemáticos de la televisión, y aunque el mago repitió un par de veces después la prueba -esta vez con éxito- lo que quedó en la memoria fue ese fallido intento en el que el artista casi pierde la vida. Finalmente, es siempre lo que estaba fuera de pauta lo que más se recuerda, lo que nadie previó, la cámara que captó lo que no debió captar o el que dijo lo que no tenía que decir. Te invitamos a recordar los top de las sorpresas que nos han dado las pantallas.

El Amiguito de García Huidobro
Año 1993, Cristián García Huidobro, Luis Gnecco y Roberto Poblete alcanzaban el punto más alto de su carrera con un programa de humor político, precedente de muchos que vendrían después, que se articulaba sabiamente con sketches inteligentes y divertidos: el Desjueves.

Fue en uno de esos tantos capítulos, y casi al cierre de un episodio, que García Huidobro, vestido como mujer, y con una apretada malla amarilla que apenas cubría sus "zonas críticas", se dejó llevar por la contagiosa música que interpretaba la banda del programa, y en una curiosa mezcla de baile afro y ataque epiléptico, saltaba sobre el escenario sin preocuparse de nada más de que del ritmo. Hasta que notó que músicos, compañeros de micrófono, camarógrafos y público se reían a carcajadas. Uno de sus testículos asomaba impunemente por el costado del mezquino trozo de lycra, ante su más roja vergüenza. El incidente fue comentado durante semanas y es un clásico.

El Baile de la Bolocco
Festival de Viña del Mar, 2000. Cecilia Bolocco, estupenda, llena de desplante, aparece en la noche inaugural con un cuidado show de revista, una coreografía aprendida con prolijidad que en su punto cúlmine -que realmente fue cúlmine- incluía a la ex reina de belleza en una sugerente malla blanca y una chaqueta del mismo color.

Todo salió perfecto, el público la aplaudió, pero pronto se supo que un oportuno fotógrafo con alma de ginecólogo había tomado exactamente la imagen que nadie debió haber tomado: la de la bella levantando su pierna al máximo, con una malla demasiado rebajada para tal movimiento, y también demasiado suelta. Resumen: Todo el mundo pudo verla totalmente desprevenida exhibiendo eso que los cursis denominan "el mayor tesoro". En su defensa: el baile fue impecablemente ejecutado, y ella estaba correctamente depilada. Simplemente inolvidable.

The Poligloteishon
Era la época en que todos aseguraban que no veían "Viva el Lunes" y sin embargo cada martes, cuando una anécdota del programa salía a colación esos mismos reconocían haberla visto, "justo cuando estaba haciendo zapping". El programa, aunque exitoso, ya iba en bajada.

Con bombos y platillos se anunciaba a un políglota que amenazaba con hablar cuanta lengua viva y muerta existe sobre la tierra. Para demostrar sus enormes talentos, la producción del canal llevó personas que dominaban varios de esos idiomas.

Los idiomas más fáciles los sorteó con relativo éxito, pero cuando empezaron las lenguas más remotas y menos conocidas empezó a chacrearse francamente el asunto. El que dominaba, digamos, el hebreo, decía un par de frases, el políglota -sudando helado- pedía que le repitieran la expresión y luego hacía una traducción aproximada con cara de autosuficiencia al comienzo y de súplica después, que recibía una irrevocable respuesta del hablante: no, no es lo que yo dije.

Luego de repetidas escenas por el estilo, reconoció que estaba confundido, que no sabía qué le había sucedido y que probablemente fuera el nerviosismo. Pidió una nueva oportunidad que, la verdad sea dicha, no fue mucho más próspera.

Miss Mundo Chile: ¿Me Podría Repetir la Pregunta?
El año 1999 los organizadores del concurso Miss Mundo Chile se felicitaban a sí mismos por la innovación que incluirían en el programa televisivo para seleccionar a la candidata: algunas rondas de preguntas sobre cultura general.

En mala hora, porque las preguntas, que no tenían gran dificultad, pusieron en ridículo a chicas que, digámoslo, no son elegidas jamás por su inteligencia, sino por su físico. Por supuesto que quien descolló en el arte de contestar lo inimaginable fue Carolina Zúñiga, a quien le preguntaron a quiénes eligiría para perpetuar la especie humana en el hipotético caso de un holocausto. Ella, tranquilamente, respondió que escogería al Papa y a Cecilia Bolocco. Sabemos que a la ex miss universo le gustan mayores, pero el Papa no es una posibilidad...

Por si fuera poco, hubo otras dos respuestas célebres: a la interrogante de con qué animal se sentía identificada ella contestó "con un caballo... o sea, como soy mujer, con una yegua". Otra: ¿puedes nombrar un pez grande que se coma a la gente? Respuesta: "¿la jaiba?"

Sabemos que su acervo cultural sigue más o menos en el mismo nivel, gracias a su sentida comunicación de la muerte de Roberto Bolaño, a quien confundió con Chespirito.

Anéctodas hay millones, como la vez en que Manuel Carrillo (Cheíto) se cayó en un estelar, rodó escaleras abajo y luego tuvo que gatear unos metros antes de pararse, mientras el playback seguía sonando y él, milagrosamente, seguía cantando. Un ridículo memorable. O como cuando Myriam Hernández dijo en vivo y para todo el país que un músico tocaba “el sexo”. Y para arreglarla dijo, “bueno, también, pero en realidad toca el saxo”.

Cada uno de estos episodios, nos hayan dado risa o vergüenza ajena, nos han hecho recordar de pronto la enorme ventaja de estar del lado de los anónimos y sin una cámara espía que nos delate en el momento menos apropiado.

Por Ximena Jara M.


¿Recuerdas algún otro chascarro de la TV chilena?

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