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COPIAPÓ, LA CAPITAL
DE ATACAMA

Sus tranquilas calles y silenciosos transeúntes -tan característicos de las ciudades del norte-, esconden muchísimos secretos, pero no es que los guarden para sí, solamente hay que atreverse a preguntar. Preguntar y preguntar y ellos pueden dar claves de lo que fue, es y será la ciudad de Copiapó. De sus historias, de su religiosidad, de sus mitos. Bastante material para tener y para mirar la ciudad con otros ojos.

La Histórica Copiapó
San Francisco de la Selva de Copiapó (sí, de la selva) fue fundada recién en 1774, ya que sus asentamientos indígenas son centenarios y la española, aunque un poco más moderna, también es histórica. En 1536 llegó Diego de Almagro, miró, se desilusionó y se fue. Pero en 1540, Pedro de Valdivia, el célebre español, llegó a tomar posesión del reino precisamente en el sector en que se enclava la ciudad. Posteriormente los españoles repartieron entre sí tierras e indios, que fueron trabajados en igual sometimiento hasta el año 1744 en que se juntaron los aldeanos para fundar la ciudad.

Desde ahí fue todo un salto hacia la tecnología del siglo XIX, a través de una de las mayores riquezas provenientes de las yermas tierras que rechazara el poco visionario Almagro: la minería.

Los alcances de este hallazgo fueron insospechados para la región. En 1832, el pastor Juan Godoy, perdido en la zona interior del valle de Copiapó, encendió su lámpara y el brillo de un cerro formó su fortuna. El resplandor que le dio el cerro le permitió descubrir la tercera mina de plata más grande de América. Esto derivó en el enriquecimiento de la zona y de Chile, llegando inversionistas de todo el mundo y lo que provocó, incluso, que en esta ciudad se fundara el primer tren que recorrió Sudamérica.

Posteriormente, la Guerra del pacífico, provocó que Copiapó fuese la ciudad principal y protagónica de los soldados chilenos antes de irse a enfrentar al conflicto.

Descubriendo la Historia
Todo esto no está escrito por afanes histórico-eruditos, si no porque es fundamental para entender los vestigios que quedan de la antigua ciudad del 1800 y que ahora son mudos testigos de la modernidad y que guardan, así como sus habitantes, historias sabrosas.

La Plaza de Armas fue construida en pleno siglo XIX y en su centro hay una estatua que representa a la diosa griega benefactora de la minería, la cual fue esculpida en mármol de carrara el año 1872 en París. Siguiendo con los monumentos, el de Juan Godoy, ubicada en la aristocrática Alameda, fue esculpida en Inglaterra el año 1851 y la lejanía tal vez disculpe los errores: Godoy vestido como pirquinero, cosa que no era y el escudo de Chile con un caballo en vez de un huemul. Además acá está el monumento a Manuel Antonio Matta (1905, Virgilio Arias el artista), uno de los empresarios locales que le dio fama y fortuna a la actual familia.

De hecho que en la casa de la familia, declarada Monumento Nacional, está ahora el Museo Regional y que expone series de historia, naturalismo, minería o de la Guerra del Pacífico.

Otro monumento que llama la atención es el de la Cripta a los Héroes, inaugurada en 1978, contiene los restos de soldados del primer batallón chileno en la reyerta del Pacífico: el Batallón Atacama. Las grandes casonas que se ven en la Alameda forman el marco más bien conservado de las viviendas de la época de la riqueza minera, todas construidas con  caña de guayaquil y adobe. Como la Casa Habitación de los Empleados de Ferrocarriles (1860), todos unos héroes de la época y declarada Monumento Nacional.

Hablando de ferrocarriles, la primera Estación de Sudamérica se encuentra encabezando la Alameda, supuestamente en el viejo edificio (ya adivinará que también es Monumento Nacional) había un museo ferroviario, pero se encuentra con sus puertas cerradas, dándole la bienvenida solamente al abandono en que está cayendo la edificación.

A todo esto, la primera locomotora que unió Copiapó y Caldera, “La Copiapó” puede ser visitada en la Universidad de Atacama. Bien conservada y con sus tres carros de primera, segunda y tercera categoría, se mantiene como un recuerdo epopéyico de aquel primer viaje del 25 de diciembre de 1851. Lamentablemente no se encuentra en exhibición el carro casino de juegos, en que el Mr. Weelwright, el dueño del tren, jugaba grandes sumas con los nuevos dueños de las minas. Hay que aprovechar y conocer el recinto universitario, con data de 1857, su primera escuela fue la de...  Minas. Un estupendo lugar para detenerse y descansar del potente sol.

Por la misma calle de la Universidad, se encuentra el estupendo y loquísimo castillo de Apolinario Soto: Villa Viña de Cristo. Dueño de una mina de plata, creó un edificio de estilo neoclásico italiano. Todo un lujo.

¿Aburrido de la historia de Copiapó? Son muchos los nombres que circularon por la zona. Las principales familias del abolengo nacional vivieron acá Matta, Subercaseaux, Goyenechea, Gallo, Cousiño, Ossa. Intelectuales, revoluciones y el nacimiento del Partido Radical, hasta que el fin de los yacimientos marcó el adormecimiento paulatino de la ciudad en los anales de la patria.

Copiapó la Beata
Sin lugar a dudas la ciudad también es una de las más católicas de Chile. La Catedral, vecina a los añosos pimientos de la Plaza de Armas, creada en 1851, Monumento Nacional y única en su tipo por los tres pisos de su cúpula; la Iglesia San Francisco, en la Alameda de 1872 y con el primer convento franciscano de la zona de 1662. Pero sin lugar a dudas, el primer lugar lo obtiene la Iglesia de La Candelaria, más pequeña que las anteriores, pero significativa al cobijar a la virgen del mismo nombre. En los alrededores del templo se da inició a una fiesta en honor a la patrona de los mineros en verano, todo ello porque una imagen grabada en piedra fue ubicada por Mariano Caro Luca en una cueva del salar de Maricunga al, éste, escapar de una tormenta del desierto. Desde entonces se celebra y se da gracias con variados bailes del norte y ceremoniales a los que asisten miles de fieles.

Copiapó la Minera
Otro punto de interés es el museo Mineralógico, que posee una colección de más de 2.500 piedras provenientes de todo el mundo. Por módico precio ($500 adultos) se inicia un viaje de colores y nombres nuevos, tome nota: Wolfamita, Magnetita, Cacoximita o Chalcantita, por ejemplo. Todos ellos componen las estanterías en que incluso hay fósiles y asteroides del espacio sideral. Aquí conviene una mención, si pregunta por el “cazador de meteoritos” y el se encuentra, se llevará unas lecciones apasionantes y gratuitas de piedras del más acá y del más allá por el mismo precio.

Copiapó la Nueva
Pero no solo de historia vive Copiapó, las nuevas generaciones pueden gozar del Mall Mirador, frente a la plaza. La cultura hip hop que disfrutan sus jóvenes o el emergente sandboard, deporte que consiste en deslizarse en una tabla por grandes dunas, y que ha hecho de los cerros de la ciudad el hogar de variados campeonatos nacionales, hacen de la capital una zona floreciente. Tanto como sus cultivos de viñedos de exportación en los valles interiores y que dan trabajo a miles de copiapinos o el nacimiento de un turismo más selectivo en cuanto a objetivos: historia, naturaleza o deportes extremos para sus visitantes, hacen pensar que no sería de extrañar un renacimiento de la histórica y eterna Copiapó.

Una mezcla potente entre historia y futuros, entre desiertos y oasis, es cosa de preguntarle a sus aparentemente parcos habitantes. Sólo preguntar.


Por Jorge López Orozco.

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