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FANTASILANDIA

Fantasilandia

Ir a Fantasilandia es sinónimo de emoción y distracción, que duda cabe. Entrando al recinto todo se vuelve colores, risas y emociones desbordadas. Por todos lados hay gente sonriendo, jóvenes jugando y niños corriendo. Parejas, ancianos, grupos de adolescentes y familias completas disfrutan por largas horas de un espacio ideado para sobre- excitar el júbilo físico y emocional. Si hay algún momento distinto, es en las filas de espera, sobre todo en los juegos con mayor demanda.

En un recinto medianamente amplio, con árboles de generosa sombra y vegetación bien cuidada, se distribuyen los más de 33 juegos, que van desde grandes y complejas maquinarias, hasta pequeñas estaciones con juegos de destreza manual.

Por las calles pasean distintos personajes de fantasía, que entretienen o sorprenden a la gente: pistoleros, piratas, indios norteamericanos, señoritas de cuento y animales de fantasía se sacan fotos con los visitantes o posan escenas improvisadas.

Algo Distinto para Chile
El Gerente general y gestor del parque, Gerardo Arteaga O., a mediados de los años setenta, notó que faltaba un parque de diversiones grande, que fuera emblemático, que quedara cerca de Santiago y donde pudiera ir toda la familia. Fue así que con un grupo de amigos, luego de estudia y planificar el proyecto, presentaron el nuevo parque Fantasilandia al alcalde de Santiago de aquel entonces, Patricio Mekis; quien les dio la concesión de una parte del Parque O´Higgins por veinte años.

Ya en el año 1977 se comenzaron los trabajos de implementación y construcción, lo que no estuvo exento de polémica. Por un lado había gran expectación por esta Disneylandia chilena, pero por otro lado existían fuertes voces que alertaban sobre la deforestación que se produciría en el parque, al instalar todos los juegos. Fue tal el interés de la ciudadanía que el propio alcalde Mekis estuvo encargado personalmente de la inspección. Ya terminada la faena, la población con preocupaciones ecológicas quedo tranquila, ya que se mantuvo la población de árboles como existía antes.

Con una inversión inicial fue de dos millones de dólares, los juegos fueron traídos desde Europa y así, el Parque de entretenciones empezó a funcionar el 26 enero de 1978 con cerca de ocho juegos, donde trabajaban ochenta personas. Hoy, luego de más de treinta años, los trabajadores de Fantasilandia alcanzan a más trecientas personas.

Distintas Épocas, Distintos Juegos
Lejos quedaron ya los tiempos en que una de las mayores atracciones era el Pulpo, al que los diarios de la época catalogaban como "un juego bastante sofisticado donde los adultos también podrán divertirse. Una coctelera que provoca risas, gritos y una sensación de encontrarse en un viaje especial que demuestra los avances de la tecnología",  (La Segunda, Octubre de 1977).

Tampoco esta hoy el Tobogán, aquel resbalín gigante que se descendía sentado sobre sacos; o el Century 2000, parecido al Pulpo, pero de brazos más largos, rectos y sin extremidades que giraban; ni la Cuncuna, ( también presente en otros parques) que consistía en un tren sinfín que se paseaba por montículos y que sorpresivamente desplegaba un toldo sobre las cabezas, dejándolos a todos a oscuras.

La Montaña Rusa, que llegó a Chile a bordo del carguero griego Cape Kennedy, causó gran sensación: una larga fila de intrépidos se agolpaban para subirse a la mayor montaña rusa de Sudamérica. Con un costo de medio millón de dólares, la prensa la describía como: "un juego donde la persona comienza a sufrir toda clases de sensaciones al bajar bruscamente pendientes pronunciadas, o bien subir hasta lo alto para luego ir bajando vertiginosamente". (La Tercera, Octubre, 1978). Hoy el juego que mayor vértigo causa es el Raptor, inaugurado para la celebración de los treinta años del parque. Se trata de una versión de la montaña rusa, donde las personas van sujetos del torso y con los pies colgando, pero sobre rieles que giran sobre si mismos, alcanzando una velocidad de 80 km por hora.

De aquella primera Fantasilandia todavía se mantienen también, los clásicos Autitos Chocadores y el Barco Pirata, junto con Monga, aunque estos dos últimos son de una época algo posterior.

Otro juego muy popular en la época fue La Mansión Siniestra, bastante más rústica que su versión actual, pero con el mismo sistema de carritos que avanzaban. Distinta es la otra versión de casas fantasmales que se ha implementado en el parque, el llamado Castillo Encantado donde actores reales interactúan con el público.

También había muchos más  juegos y concursos de destrezas físicas, muy parecidos a los de los parques clásicos, entre los que destacaba el Pinto Yo: unos cilindros que giraban, con un cartón en blanco en el fondo, donde se dejaban caer distintos colores de pintura, en envases parecidos a los de los condimentos.

Aun se mantienen también el cepo de castigo, donde la gente se saca fotos, los go- cart donde los adolescentes también buscaban pasar el control de entrada o los autos Ford T, con un circuito fijo sobre rieles, para los niños.

Por Alejandro Dreisziger

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