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Los tiempos han cambiado y una de las frases que debe quedar en el olvido es aquella que apuntaba a que la embarazada debía comer por dos. Hoy se ha comprobado que un excesivo aumento de peso de la madre repercute de forma negativa en la salud de su hijo y en ella misma, según explica Mónica Jiménez, nutricionista y docente de la U. Andrés Bello.
Durante el período de gestación, las mujeres tienen distinta necesidad energética, acorde a los nuevos requerimientos de su estado. Relevante resulta la ingesta de nutrientes llamados esenciales y algunos críticos como calcio y vitamina D, Fierro, Ácido Fólico y ácidos grasos esenciales, pero dejando de lado la idea de que las embarazadas deben comer por dos.
"El primer trimestre no es tan demandante en términos de cantidad sino de calidad nutricional, por lo que no necesariamente se requiere de aportes extra de energía, pero sí se debe cuidar y asegurar la ingesta de macro y micronutrientes esenciales. En este período, ocurre entre otros, el desarrollo del sistema nervioso central", explica Mónica Jiménez, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello.
"Obviamente no es un proceso exento de complejidad: se debe regular y monitorear concienzudamente la alimentación. En el primer trimestre es posible mantener la dieta levemente restringida en energía -en aquellas mujeres que se embarazaron con sobrepeso o francamente obesas- y el nivel de actividad física en intensidad moderada o según la indicación médica, lo que favorecerá una regulación saludable de peso, y prevendrá alzas innecesarias en este período", comenta la nutricionista.
Problemas
El aumento de peso excesivo en el embarazo suele provocar complicaciones en el parto. En primer lugar porque puede generar la aparición de preeclampsia (un trastorno hipertensivo), pero también porque aumenta el peso del feto e induce macrosomía con todos los riesgos futuros que ello significa; diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Con una población cada vez más obesa, los casos de niños de excesivo tamaño son cada vez más frecuentes. En un estudio de la Universidad de California (San Francisco, Estados Unidos) realizado con más de 20.000 mujeres, el 43,3% de las embarazadas incrementó peso por encima de lo recomendado por las guías clínicas del Instituto de Medicina. Además, cerca del 30% superó los 18 kilos, el límite superior establecido, sea cual sea el peso inicial de la mujer.
Los Nutrientes Necesarios
Según la nutricionista Mónica Jiménez, lo fundamental es que la futura madre consuma los siguientes nutrientes:
Proteínas: Constituidas por aminoácidos, tienen como función principal el buen desarrollo de los tejidos corporales. Están contenidas en carnes, pescados, mariscos, aves, lácteos, huevos y leguminosas, como los porotos, incluido el de soya, garbanzos y lentejas. El consumo habitual debe ser cercano a los 45 gramos por día, cifra que se incrementa durante el embarazo en 15 gramos aproximadamente, llegando a 60 gramos diarios y 65 en la lactancia en mujeres de peso normal. La recomendación es no consumir carnes en exceso, porque estas aportan grasas que no son saludables para la madre ni el hijo.
Calcio: Juega un papel vital en el desarrollo y fortalecimiento de los huesos y dientes del feto. Lácteos y algunos pescados representan la mayor fuente de calcio disponible. Las mujeres deben ingerir cerca de 800 mg diarios de calcio para prevenir la osteoporosis, consumo que durante el embarazo y lactancia debe alcanzar los 1200 mg mínimos al día.
Fierro: La falta de fierro es causa principal de anemia y representa posible riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro o recién nacido de bajo peso. El Fierro hem (que es el biodisponible) está presente en las carnes y sus derivados. Su consumo diario habitual debe ser de 15 mg y en el embarazo, se debe duplicar.
Ácido Fólico: Su consumo disminuye el riesgo de afecciones en el sistema neurológico y la médula espinal del feto. Generalmente, se aconseja el suplemento farmacológico, aunque se encuentra de manera natural en carnes, las verduras verdes, especialmente de hojas, leguminosas, maní, almendras y levadura de cerveza.
Ácidos grasos esenciales: Son vitales para el buen funcionamiento del organismo porque ayudan a la correcta formación del tejido cerebral y la visión del bebé, y deben ser adquiridos a través de la alimentación. Son fuente aceites vegetales, paltas, aceitunas y algunos pescados.
Líquidos: El buen funcionamiento renal y digestivo de la embarazada demanda un consumo mínimo de tres litros diarios. Agua, leche, sopas de verduras y caldos de carnes o zumos naturales de fruta y tizanas de hierbas simples no concentradas, evitando las bebidas alcohólicas o refrescos y colas gaseosas. Posteriormente en el estado de nodriza o madre lactante deberá aumentar, por la producción de leche 1 a 11/2 litro por día la ingesta líquida
Fibra: El consumo adecuado de fibra evita y disminuye el estreñimiento. Está presente especialmente en leguminosas (porotos, garbanzos, lentejas) y cereales integrales, arroz, avena, choclo, quínoa, frutas y verduras con pepas y semillas. Se recomienda comer las frutas y verduras bien lavadas y con piel o cáscara, las que sea posible.
"Si bien el agua de bebida y la fibra no son aportadores de nutrientes deben ser considerados e integrados de forma importante en los procesos de alimentación y nutrición, porque participan fundamentalmente en los sistemas de detoxificación del organismo. En el caso del agua, además es participante en la regulación de la temperatura e hidratación", dice la docente de la U. Andrés Bello.
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