Concepción
09° / 13°
Valparaíso
08° / 19°
Santiago
05° / 20°


El mítico “Cañonazo de las 12”, es la máxima institución que representa en el inconsciente colectivo del afamado y antiguo cerro Santa Lucía. El estruendo que se repite cada día como un karma estereofónico, retumba en medio del barrio cívico y comercial donde se enclava este pequeño monte.
El “broom” que de una vez asusta y marca la pauta del ser capitalino en la frontera horaria del AM y del PM, alguna vez fue querido acallar por las autoridades (1996). Afortunadamente el intento de amordazar la tradición fue echado al tacho la basura al igual que otras tratativas poco iluminadas.
El “cañonazo” sobrevive en la cima del Santa Lucía, al igual que sus castillos y una leyenda que perdura hasta hoy en día y que lo ha transformado en paseo obligado de turistas y de parejas que proclaman en sus rincones la libertad del amor y sus artes.
De Huelen-Huara a Valdivia
Antes que Santiago fuera una colonia de españoles con ansias expansivas e históricas, la cuenca metropolitana era muy distinta a la actual. Los bosques esclerófilos se apoderaban del valle, mientras el Mapocho, con dos brazos de aguas limpias limitaba al a este peñón como una isla en medio de los torrentes andinos.
Los habitantes originarios de esta tierra llamados Promaucaes o Picunches, bautizaron al promontorio como Huelen (“Dolor” en mapudungun), el cuál tenía un sentido sagrado y de mancomunión con el cielo en sus ancestrales creencias. Liderados por el cacique Huelen-Huara, los indígenas fueron los primeros testigos de la irrupción del conquistador Pedro de Valdivia.
Precisamente el hispano decidió que el mejor lugar para instaurar la capital de su reino era el cerro al que rebautizó unilateralmente como Santa Lucía. La fundación se remonta al 12 de febrero de 1541.
Ese fue el primer paso de la conquista y el morro se transformó en un excelente atalaya y enclave defensivo. Claro que éste no fue suficiente ante las huestes de Michimalongo que destruyeron la naciente ciudad a los pocos meses.
El Hacedor: Vicuña Mackenna
Al transitar por el Santa Lucía (o Huelen), es fácil darse cuenta de que la historia cambió mucho desde la incursión peninsular y lo que es hoy este verdadero paseo.
¿Qué sucedió con los años que siguieron? Poco y nada. La roca desnuda siguió siendo sinónimo de su condición. El cerro no tomó características especiales para la ciudad y solamente tuvo algún rol defensor español durante la guerra de Independencia con la colocación de dos baterías de artillería que nunca fueron utilizadas.
Afortunadamente la historia se tiñe de hombres de ideas audaces y de renovado amor por la belleza urbana. Benjamín Vicuña Mackenna, encarna el espíritu transformador del siglo XIX, y una de sus principales obras al replantear a Santiago como capital moderna fue hacerse cargo del basural y cementerio clandestino en que se había transformado el Santa Lucía.
Intendente de esta pujante metrópolis, Vicuña ideó la reconstrucción del monte y ejecutó un plan de urbanización que lo embelleció de una manera única.
Este proceso iniciado en 1872 provocó el traslado al cerro de grandes cantidades de tierra vegetal, que permitieron la plantación de más de mil árboles y la creación de hermosos jardines y plazoletas. Estatuas, jarrones, senderos y fuentes, se agregaron a la vegetación y orlaron los senderos.
El paseo fue provisto de alumbrado a gas, y de un sistema de regadío artificial bastante complejo. Se instaló en el lugar de las baterías sendas terrazas, desde las cuales se aprecia una bella vista de la ciudad.
El antiguo fuerte Hidalgo fue reconvenido en palacio, lugar en que actualmente se realizan una serie de eventos de la alcurnia política o grandes fiestas, mientras que en el sector sur que da hacia la Alameda hay una escultura del dios Neptuno sumando a un conjunto arquitectónico con escalinatas curvas, piletas, una amplia terraza, y un arco de triunfo rematado por una cúpula. Esta obra corresponde al año 1902, fecha de término de toda la reconstrucción y obra del arquitecto Villeneuve.
Declarado Monumento Histórico de la ciudad de Santiago (1983), tiene sitios imperdibles como sobre la Alameda el mural en homenaje a Gabriela Mistral, realizado por Fernando Daza el año 1971, realizado completamente en cerámica.
También se debe conocer el Mirador, el Jardín Circular, la Terraza Caupolicán o la Capilla Estilo Gótico. Igualmente que leer la roca grabada que reproduce la carta fundacional de Pedro de Valdivia al Emperador Carlos V.
La mezcla de gentes que habitan el cerro es una buena sinopsis de las pasiones, recelos y amores que habitan en el llano de la ciudad. El Huelen, una isla, un oasis verde y eterno en la historia de Santiago.
Por Jorge López Orozco (Periodista.viajero@chile.com)
Compartir
Pensando siempre en el equilibrio, la apuesta de este bar fusión ha sido ofrecer una gastronomía de calidad en un ambiente distendido, donde la perfección es puesta por sus clientes. Hoy comparten con Chile.com la sencillez de una Entraña con Ratatouille de verduras y la exquisitez de un Atún Polinésico...
leer más
A pesar de sus inicios en la comida italiana, las tradiciones chilenas ganaron espacio y llegaron para quedarse hace ya más de tres años. Hoy nos entregan la receta de un costillar de cerdo al modo Chillán, donde se pueden apreciar los sabores que distinguen a la gente del sur…
leer más
Inaugurado en 1990, este edificio es una de las tantas atracciones de Valparaíso...