(Esta
es una versión actualizada del artículo que, con este mismo título, publicó
el diario "El Mercurio" el 1º de Septiembre de 1991).
Vivimos
una época apasionante. La revolución tecnológica y la caída del Muro
de Berlín no sólo están cambiando radicalmente el mundo en que vivimos,
sino que han abierto horizontes insospechados de prosperidad, libertad
y paz.
Para aprovechar
esta oportunidad histórica, Chile necesita una economía competitiva
a nivel mundial, una sociedad con igualdad de oportunidades y gran movilidad
social, y una clase política que no sea obstáculo sino un factor de
progreso.
En la década
de los 60 y principios de los 70, un grupo de profesionales, cuyo núcleo
era de economistas de la Universidad Católica, pensó un proyecto para
la economía chilena del futuro, formó los equipos para llevarlo a cabo
e inició un esfuerzo comunicacional para ganar la batalla de las ideas.
Las circunstancias
históricas aceleraron la concreción de estas ideas y Chile realizó la
más profunda transformación de su economía, abandonando el estatismo
intervencionista y construyendo las bases de una economía de mercado,
pilar de una sociedad libre.
Al elevar
en forma permanente la trayectoria potencial de crecimiento de la economía,
el valor de ese proyecto para el país y sus habitantes fue inconmensurable.
¿Dónde
estamos hoy?
A mitad
de camino hacia el desarrollo y hacia una sociedad integralmente libre.
Con una
economía fundada sólidamente en las reformas estructurales de signo
liberal, pero todavía con chilenos que viven en la pobreza, luchando
cada día por su comida, su techo, su educación, su salud y, sobre todo,
su dignidad.
Con un
país con importantes problemas de arrastre resueltos, con muchos otros
que subsisten (salud, calidad de la educación, justicia), y con nuevos
desafíos ambientales, urbanos y de seguridad ciudadana.
Con nuevas
generaciones de empresarios, profesionales y trabajadores especializados
que constituyen el motor de la actual economía, pero todavía con una
clase política muy por debajo de lo que exige el desafío del futuro.
Con una
sociedad formalmente reconciliada a través de instituciones políticas
compartidas, pero donde subsisten subterráneas divisiones de clase,
raza, status y visión del pasado reciente.
Porque
Chile puede mucho más de lo que cree la actual dirigencia política del
país, y porque la pobreza sólo la superamos con más libertad, más crecimiento,
y educación de mejor calidad para todos, he decidido fundar el "Proyecto
Chile 2010".
No una
nueva institución con timbre y burocracia. Tampoco un nuevo "partido"
que "parta" a los chilenos en compartimentos estancos, excluyentes,
con el interés del club por encima de aquel del país.
El "Proyecto"
será una "red" informal de personas que quieren contribuir
a pensar y a cambiar Chile con estos valores e ideas. Intentaremos utilizar
las extraordinarias tecnologías modernas para promover el debate racional,
proponer soluciones a los problemas, convocar a los chilenos a levantar
la vista y estar abiertos a nuevas perspectivas.
El año
2010 Chile celebrará su bicentenario, sus primeros dos siglos de autogobierno.
Como referente temporal, el 2010 es un punto que tiene no sólo una significación
histórica sino también está lo suficientemente cerca para que sea una
tarea y una conquista de las actuales generaciones y está lo bastante
lejos como para alcanzar a construir los cimientos del país que queremos
para entonces.
La palabra
"pro-yecto" quiere decir precisamente "arrojado adelante".
El hombre avanza arrojándose adelante. Si no concibe proyectos, el hombre,
y en cierta forma también un país, deja de ser.
Este es
un proyecto que aspira a interpretar a todos los chilenos que creen
en la libertad y la dignidad de la persona como valor fundamental, y
que está por encima de lealtades partidistas, adhesiones pasadas, u
otras divisiones de naturaleza similar..
¡Apostemos
al futuro de Chile! Que el proyecto de nuestra generación sea el de
hacer de nuestro país una nación desarrollada con una sociedad libre.
Lo entusiasmante
es que éste es, en verdad, un proyecto posible. Y nada une tanto a los
habitantes de un país como un gran proyecto hecho realidad con el esfuerzo
de todos. Ahí está nuestro desafío.
