Por José Piñera
Presidente y Fundador

 

 
 
(Esta es una versión actualizada del artículo que, con este mismo título, publicó el diario "El Mercurio" el 1º de Septiembre de 1991).

Vivimos una época apasionante. La revolución tecnológica y la caída del Muro de Berlín no sólo están cambiando radicalmente el mundo en que vivimos, sino que han abierto horizontes insospechados de prosperidad, libertad y paz.

Para aprovechar esta oportunidad histórica, Chile necesita una economía competitiva a nivel mundial, una sociedad con igualdad de oportunidades y gran movilidad social, y una clase política que no sea obstáculo sino un factor de progreso.

En la década de los 60 y principios de los 70, un grupo de profesionales, cuyo núcleo era de economistas de la Universidad Católica, pensó un proyecto para la economía chilena del futuro, formó los equipos para llevarlo a cabo e inició un esfuerzo comunicacional para ganar la batalla de las ideas.

Las circunstancias históricas aceleraron la concreción de estas ideas y Chile realizó la más profunda transformación de su economía, abandonando el estatismo intervencionista y construyendo las bases de una economía de mercado, pilar de una sociedad libre.

Al elevar en forma permanente la trayectoria potencial de crecimiento de la economía, el valor de ese proyecto para el país y sus habitantes fue inconmensurable.

¿Dónde estamos hoy?

A mitad de camino hacia el desarrollo y hacia una sociedad integralmente libre.

Con una economía fundada sólidamente en las reformas estructurales de signo liberal, pero todavía con chilenos que viven en la pobreza, luchando cada día por su comida, su techo, su educación, su salud y, sobre todo, su dignidad.

Con un país con importantes problemas de arrastre resueltos, con muchos otros que subsisten (salud, calidad de la educación, justicia), y con nuevos desafíos ambientales, urbanos y de seguridad ciudadana.

Con nuevas generaciones de empresarios, profesionales y trabajadores especializados que constituyen el motor de la actual economía, pero todavía con una clase política muy por debajo de lo que exige el desafío del futuro.

Con una sociedad formalmente reconciliada a través de instituciones políticas compartidas, pero donde subsisten subterráneas divisiones de clase, raza, status y visión del pasado reciente.

Porque Chile puede mucho más de lo que cree la actual dirigencia política del país, y porque la pobreza sólo la superamos con más libertad, más crecimiento, y educación de mejor calidad para todos, he decidido fundar el "Proyecto Chile 2010".

No una nueva institución con timbre y burocracia. Tampoco un nuevo "partido" que "parta" a los chilenos en compartimentos estancos, excluyentes, con el interés del club por encima de aquel del país.

El "Proyecto" será una "red" informal de personas que quieren contribuir a pensar y a cambiar Chile con estos valores e ideas. Intentaremos utilizar las extraordinarias tecnologías modernas para promover el debate racional, proponer soluciones a los problemas, convocar a los chilenos a levantar la vista y estar abiertos a nuevas perspectivas.

El año 2010 Chile celebrará su bicentenario, sus primeros dos siglos de autogobierno. Como referente temporal, el 2010 es un punto que tiene no sólo una significación histórica sino también está lo suficientemente cerca para que sea una tarea y una conquista de las actuales generaciones y está lo bastante lejos como para alcanzar a construir los cimientos del país que queremos para entonces.

La palabra "pro-yecto" quiere decir precisamente "arrojado adelante". El hombre avanza arrojándose adelante. Si no concibe proyectos, el hombre, y en cierta forma también un país, deja de ser.

Este es un proyecto que aspira a interpretar a todos los chilenos que creen en la libertad y la dignidad de la persona como valor fundamental, y que está por encima de lealtades partidistas, adhesiones pasadas, u otras divisiones de naturaleza similar..

¡Apostemos al futuro de Chile! Que el proyecto de nuestra generación sea el de hacer de nuestro país una nación desarrollada con una sociedad libre.

Lo entusiasmante es que éste es, en verdad, un proyecto posible. Y nada une tanto a los habitantes de un país como un gran proyecto hecho realidad con el esfuerzo de todos. Ahí está nuestro desafío.